El exorcista chabacano

Arte Jaime

Sentados en una mesa del sándwich al paso “Popurrí” ubicado en la calle Maipú, se encontraban dos empleados de correo, vestidos con el típico uniforme de esa empresa, pantalón azul marino y camiseta roja. Ocupaban dos sillas y en las otras dos habían dejado sus bolsos institucionales. Llamaba la atención las grandes dimensiones de estos. Saltaba a la vista la diferencia de edad entre los dos, el varón era un muchacho de alrededor de veinte años y la mujer, tendría unos sesenta y cinco. La contextura del muchacho era rechoncha, su camiseta no lograba cubrir su amplio estomago que sobresalía hasta chocar con sus piernas, pues, como estaba sentado, las pantorrillas detenían el avance de esa lava de carne humana. Se podría calcular su estatura que rondaría el metro ochenta, tenía el pelo castaño, ondulado y descuidado. Su piel no era ni clara ni oscura. La mujer era delgada, pero no famélica, se podría decir que era atlética, a pesar de su edad. Tenía el pelo blanco, cuidadosamente peinado y amarrado, dejando caer hacia su espalda una cola que le llegaba hasta la cintura. Su piel era blanca, pero tostada por el sol que golpea con sus rayos esta parte del país. Su cara tenía un semblante serio, usaba lentes que no alcanzaban a esconder unos hermosos ojos azules. Los dos tenían puestos sus ojos en sus teléfonos celulares, cosa bastante común, lo contrario sería verlos conversando. No eran los únicos carteros que pasaban a servirse algo quedándose un largo rato allí. Pues, desde la aparición de la comunicación virtual, ese noble oficio había disminuido. Aunque, revivió durante la pandemia, cuando la empresa vio un gran negocio, extendiendo sus servicios a la repartición de paquetes con máscaras, elementos de limpieza, toallas absorbentes o llevar productos a personas que empezaron a comprar virtualmente.  Seguramente los bolsos de esos empleados de correo contenian paquetes de Amazon o algo así. De pronto, algo quebró la atención de los carteros, sobre todo la del joven. De improviso y sin anuncio apareció la mesera trayendo los desayunos que habían ordenado hace unos minutos atrás. La muchacha tendría unos diecinueve años, morena, de buena figura, con un sensual acento extranjero, dijo:

-Aquí está su orden. Las tostadas con palta y té para la dama. El churrasco completo y plátano con leche para el joven – Anunció con una hermosa sonrisa.

Piero, como se llamaba el joven, estaba absolutamente extasiado con lo que tenía al frente de sus ojos. No podía quitar su vista de esa hermosa visión.

-Estás como quieres chiquita ¿Eres un espejismo o una ilusión? Nunca había visto tanta belleza junta. Ven con papi, te voy a hacer algo que nadie te ha hecho preciosura –

 Era tan fuertes sus deseos que la agarró entre sus manos y la comenzó a besar apasionadamente. Acción que incomodó a la mesera y la cartera.

–          ¡Qué bueno que le guste tanto nuestra comida! – Dijo la joven retirándose de la mesa.
–          La amo con pasión desbordada- Contestó el joven.
–          Déjese de besar su comida que está haciendo el ridículo- Dijo molesta la mujer.
–          Disculpe Sor Judith-
–          No lleva ni un día en este trabajo y ya quebró una regla. Recuerde que no me puede llamar así en público ¿Cómo lo debe hacer? –
–          Disculpe Sor Judith. Se me olvidó que tengo que llamarla Soa Mercedes en público-
–          No se olvide que para este trabajo es muy importante mantener nuestra identidad oculta ¿Escuchó Piero? –

El joven miraba para todos lados, como buscando algo.

–          Recuerde que en público usted es Piero-
–          ¡Oh! Se me olvidó-
–          Cómase su sándwich porque en cualquier momento nos pueden llamar-

Piero no esperó a que Soa Mercedes terminara la oración para dar un tremendo mordisco a su churrasco completo. Gracias a que se había amarrado una gran servilleta de género, de esas que solo se ven en restoranes más caros, no cubrió su camiseta institucional de mayonesa, kétchup, mostaza y ají. Sin embargo, no pudo evitar impregnar su cara de esas salsas. De pronto su cara se había transformado en un cuadro impresionista donde a los colores amarillos y rojos de las salsas se les había unido el verde de las paltas. Piero evitaba atragantarse dándose unas pausas para beber grandes sorbos de leche con plátano. Todo esto acompañado de golpes en el pecho y sonoros eructos que le hacían competencia a los acordes de la música de reggaetón que sonaba en los parlantes del sándwich al paso. Soa Mercedes intentaba ignorar el espectáculo que daba el joven concentrándose en su teléfono celular. Después de unos minutos notó que el joven le pasaba la lengua al plato y metía sus dedos en el vaso tratando de sacar el resto que quedaba del plátano con leche. Ella tomaba su té con pequeños sorbos y apenas había probado sus tostadas con palta. Fijó sus ojos en el teléfono celular tratando de no ver al muchacho. Este se había limpiado el rostro con su servilleta e intentaba distraerse mirando videos de Tik Tok. Sin embargo, había algo que no lo dejaba tranquilo, las tostadas con palta de Soa Mercedes. No entendía porque ella apenas las había tocado. Era como un castigo contra él ponerlas al frente, tentándolo, obligándolo a presenciar como ella las despreciaba. Sería un crimen que ese hermoso color verde empezaran a oscurecerse sin que pudiese evitarlo. De pronto, Soa Mercedes abrió sus ojos, algo la había sacado de su tranquilidad.

–          Recibí un mensaje del centro de operaciones. Tenemos que irnos ya- Dijo, sacando un billete de veinte mil pesos, llamando a la mesera y pagándole.
–          Quédese con el cambio agregó –
–          ¿Segura? Es mucho- Preguntó la mesera.
–          Se lo merece. Nos atendió muy bien – Concluyó la mujer levantándose y agarrando su bolso – ¡Vámonos! Tenemos una misión que cumplir – Le dijo al joven que agarró su bolso, la servilleta y las tostadas que había dejado Soa Mercedes.

Soa Mercedes sacó las llaves de vehículo y se dirigieron a una camioneta estacionada a cinco minutos. El vehículo era de marca Kia, de color blanco, con el logo de correos de Chile. Tenía doble cabina y lucía nueva. Los dos se subieron al vehículo, la mujer lo echó a andar y se enfilaron en dirección al este de la ciudad.

–          ¿Conoce la casa que está ubicada al costado del Liceo A-2? –
–          ¿La casa embrujada? –
–          ¡La misma! Hacia allá vamos –

Piero parecía nervioso, era su primera misión. Soa Mercedes lo notó inmediatamente la angustia del joven y le preguntó.

– ¿Se encuentra bien? –

-Sí, no pasa nada. Es que no me acuerdo si dejé la plancha apagada, voy a mandar un mensaje a mi familia para que revisen – Piero tomó su teléfono y empezó a enviar mensajes. Por otro lado, Soa Mercedes pensaba.

– “¡Mentira! Esta cagado de miedo. Está transpirando, se restriega las manos en las rodillas, mira para todos lados ¡Ojalá no salga arrancando cuando lleguemos! No sé por qué los líderes de la orden lo escogieron. Se nota que no es el tipo de empleado para esta pega ¡Y yo tengo que cargar con este pastel! Menos mal que me queda un año para jubilarme. Después me iré al sur”-

Por otro lado, Piero también estaba inserto en sus pensamientos.

– “Estoy que me cago. Puta, no me debí haberme tomado el plátano con leche ¿o serían las tostadas? Ojalá lleguemos luego para ir al baño. Van a tener que clausularlo después que lo use ¡Ja, ja, ja, ja!!-

– ¿De qué se ríe? – Interrumpió Soa Mercedes.

– ¿Yo? –

– ¿Quién más? No veo a otra persona en la camioneta-

-Es que me conté un chiste-

– ¿Y no se lo sabía? –

-A veces pasa ¿No se cuenta chistes? –

– ¡No! Debo reconocer que me parece muy curioso contarse chistes que no conoce- Contestó mientras pensaba –“No sé si este cabro es leso o loquito. Lo único seguro es que se les desvanecieron las neuronas. Al pobre se lo debe estar carcomiendo el pánico, por eso habla sandeces”-

Por otro lado, el joven también hablaba en su mente – “Mira la respuesta weona que le di a Soa Mercedes. No soy yo cuando tengo ganas de cagar. Pasando a otro tema ¡Puta que maneja lento esta señora! No hayo la hora de llegar. Obligado a aguantarme los pedos, pero chucha que cuesta”-

Por fin llegaron a la casa embrujada, estacionaron al costado de la vivienda. Miraron a todas partes para estar seguro que no hubiera maleantes preparando un portonazo. Cuando se aseguraron de que nada pasaba, se bajaron y abrieron la puerta de atrás. Sacaron sus bolsos y abrieron un compartimento secreto que tenían en el piso de la parte trasera. Soa Mercedes sacó una reluciente espada y Piero un nunchaku.

– ¿Y ese nunchaku? Pensé que había elegido un hacha para combatir a demonios-

-Al principio elegí un hacha, pero antes que de confirmarlo vi una película de Donnie Yen donde usaba uno y decidí pedirlo-

– ¿Y acaso sabe usarlos? –

-He estado practicando con un par de longanizas que compré en el almacén de Don Anacleto-

-Mire mijito, espero que Dios le ayude y guie su nunchaku. Ojalá tengamos un demonio nivel 3 y poco trabajo que hacer-

Antes de que Soa Mercedes cerrara la camioneta, puso uno de esos instrumentos en el volante para que no se lo roben los malandras. Llegaron hasta la puerta y tocaron el timbre. Abrió una mujer de unos veinticinco años morena, baja de hermosa figura que vestía un jean ajustado, suéter y sandalias.

– ¡Buenos días! – Saludo Soa Mercedes.

– ¡Qué bueno que llegaron! ¿Me trajeron los cosméticos que pedí? Espero que no falte ninguno-

-Disculpe, no somos empleados de correos de Chile. Pertenecemos a la orden de exorcistas. Nos disfrazamos tratando de ocultar nuestra identidad. Me puede llamar Soa Mercedes y este es nuestro aprendiz, Piero-

– ¡Encantada! Soy Margarita Cifuentes. Llegaron muy rápido, hace una hora envié mi información a su aplicación virtual-

-Tratamos de actuar rápido. No queremos que los poseídos se radicalicen y empiecen a dañar a terceras personas ¿Me entiende? –

-Lo que Soa Mercedes quiere decir es que intentamos evitar que esos conchas de su madre dejen la tremenda cagada- Aclaró Piero.

– ¡Piero! No se tan cochambroso. Déjeme hablar a mí-

-No se preocupe Soa Mercedes. Creo que a veces ser directo nos indica la gravedad del asunto- Dijo Margarita.

– ¿Puedo usar su baño? – Preguntó Piero.

– ¡Como se le ocurre ocupar el baño en una situación como esta! –

– Pasen por favor y después le digo donde se encuentran los servicios-

-Antes de empezar el rito de exorcismo, debemos estar seguras de que existe una posesión ¿Quién es la persona afectada? – Preguntó Soa Mercedes mientras caminaban al living donde había sillones, mesas, televisor y otros muebles.

-Es mi madre. Vino de vacaciones hace un mes de Kurkuma por una semana y no puede volver-

-No querrá quedarse pechando. Mire que las kurkumeñas tienen fama de terribles-

– ¡Piero! ¡Déjese de chambonadas! Le dije que se guardara sus comentarios. Margarita ¿Hubo sucesos fuera de lo normal? –

-La primera noche que llegó jugamos dominó en la mesita del comedor. Mi madre es una profesora de educación básica. Siempre ha sido una mujer muy recta. Jamás ha hecho algo reprochable. Esa noche ganaba todos los juegos. Además, cada vez que tiraba un chancho a la mesa, eructaba. Lo peor llegó cuando nos dimos cuenta que hacía trampa, pues se guardaba piezas de dominó en su escote-

– ¿No tendría calor? Las piezas de domino se ponen heladas, en esa parte del cuerpo se transpira harto, unas piezas heladitas alivian a cualquiera- Preguntó Piero.

-No esa noche estaba fría. Le pregunté por qué estaba engañándonos. Me respondió que una voz le dijo que lo hiciera. Pensé que estaba bromeando. Después vino lo peor. Tuvimos una fiesta para ella, invitamos familiares y amigos. Mi mami stuvo bien hasta que en un momento dijo que no se sentía bien y se fue a su pieza, después volvió vestida solo con una enagua. A todos nos sorprendió, tenía la mirada perdida. Se paró en medio de todos y orinó-

– Por eso huele a meado de perro aquí. Pero eso es normal en personas de edad avanzada ¿Por qué no estaba usando pañales como todos los abuelitos? – Dijo Piero.

-Oiga, mi madre todavía no cumple cincuenta, fue madre adolescente-

– ¡Chucha! Disculpe-

-Piero por favor ¡Deje de decir tonteras! ¿Algo más? –

-Si, hace dos noches nos despertamos con un fuerte sonido que venía de la pieza de mi madre. Fuimos y su cama se movía sin parar-

– ¿No sería un demonio patas negras? Seguramente su madre tiene sus necesidades ¿Me entiende? –

-La llevamos con doctores, psicólogos quienes la vieron, hasta que uno de ellos nos derivó a ustedes diciendo que hay lugares donde la ciencia no llega –

-No necesito saber más ¿Dónde nos podemos cambiar? Tenemos que usar nuestro uniforme y llevar nuestros instrumentos de exorcismo-

-Usted vaya al baño y Piero puede usar mi pieza-

– ¿Podemos cambiar Soa Mercedes? –

– ¡Absolutamente no! Después de su comportamiento no merece privilegios- Los dos agarraron sus bolsos y se fueron a cambiar volviendo a los pocos minutos. Soa Mercedes salió vestida con una sotana negra, cuello blanco y una cruz en su pecho. Además, en sus manos acarreaba una biblia, un frasco con agua bendita y un cinto con su espada. Cuando vio a Piero preguntó.

– ¿Se puede saber qué es eso? –

– Es el Kimono de Tanjiro-

– ¿De qué está hablando? –

– ¿Acaso no ha visto Kimetsu no Yaiba? –

-No me importa de qué se trata lo que vio ¡Usted tiene que traer una sotana! ¿Qué tiene que ver ese kimono con el rito? –

-Tanjiro combate demonios-

-No me hable más de esas leseras ¿Dónde está su biblia? –

-Aquí está. La bajé ayer de Amazon Kindle- Dijo Piero, mostrando una tableta electrónica.

– ¡Dios mío! – Exclamó Soa Mercedes con frustración -Tiene que ser de papel y bendecida por un líder de nuestra orden ¡Páseme su tableta! – La agarró, dijo unas palabras, tiró unas gotas de agua bendita y la devolvió a Piero -Tiene suerte de que yo esté autorizada a bendecir. Ojalá le sirva. Ahora vamos a entrar a la habitación de la mujer y yo me encargaré de todo ¿Me entendió? –

Margarita les pidió que la acompañaran a la habitación de su madre. Justo en ese momento apareció su esposo y sorprendido dijo.

– ¡Ah mierda! Parece que la cosa es seria. Hasta Tanjiro vino a sacarle el demonio ¡Ja, ja, ja! Disculpen, no pude aguantarme-

– ¡Desgraciado! ¡Cómo se te ocurre hacer esas bromas! ¡No sabes el sufrimiento que me está devorando el corazón! –

-Perdón mi amor. Te juro que no fue con intención. No es culpa mía ¿A quién se le ocurre ponerse un cosplay en un momento como este? – Dijo mirando seriamente a Piero.

-Este ser insensible que ven frente a ustedes es mi esposo, Horacio- Se presentaron y continuaron su camino al segundo piso.

-Debo advertirles que van a ver un cuadro dantesco. Tuvimos que amarrar a mi madre para que no se hiciera daño o lastimara a otra persona. Ella que siempre ha cuidado de su apariencia ahora luce como una borracha que pide dinero en la calle. Su ropa está rasgada, su pelo desordenado y sucio. Tiene manchas de vomito verde, luce heridas en todas partes y sus ojos tienen un color gris. Por si fuera poco, tiene un olor muy fuerte.

– ¿Cómo animal en descomposición? – Preguntó Soa Mercedes.

-Si, algo así-

-Es el olor a ultratumba, el olor de muertos vivientes, mejor dicho, de los demonios-

– “Esta es la mía, apenas entre me tiraré unos pedos silenciosos para alivianar la carga”- Pensó Piero viendo una oportunidad de oro.

Por fin entraron a la pieza y el terrorífico espectáculo era tal como lo había advertido Margarita. La mujer estaba atada de sus manos y pies a las cuatro esquinas de la cama. Apenas entraron se taparon la nariz debido al nauseabundo aroma que expelía la mujer.

– ¡Soa Mercedes! Le aviso que ni con una tina de agua bendita le quita la mugre a esta mujer. Si quiere voy a buscar Sapolio-

– ¿Acaso está buscando excusas para salir? –

-No cómo se le ocurre, es que la señora esta re cochina. Mejor me callo-

-Es la mejor idea que se le ha ocurrido. Dígame Margarita ¿Cómo se llama su madre? –

-Juanita-

-Pero le gusta que le digan Yoya- Afirmó Horacio y continuó – Ella no ese adefesio putrefacto que ven allí. Mi suegra tiene buena figura, parece la hermana de mi señora. Si Margarita me hubiese dicho que no cuando le pedí pololeo, feliz me hubiese salvado con la Yoya –

-Habrá que apurar el exorcismo para que recuperemos a esta belleza. Si está tan buena como dices la invito a tomarse un vino en la playa – Declaró Piero.

-¿Se ponen de acuerdo para decir tonteras? ¿O sus cerebros están conectados por estupideces? – Los regañó Soa Mercedes.

De pronto, la mujer empezó a mover su cabeza para todas partes, sacaba su lengua, decía incomprensibles palabras.

-Está hablando en lenguas extraña- Aseguró Soa Mercedes.

-Yo tengo un tío que es pastor, cuando los feligreses empiezan a bostezar en su servicio empieza a hablar así, se tira al suelo, llora, le toma la cabeza a algunos que se tiran para atrás, son familiares y amigos que él contrata para que hagan eso- Dijo Horacio.

Soa Mercedes abrió su biblia, empezó a leerla y empezó a tirar gotas de agua bendita sobre la mujer que se quejaba como si el agua estuviera quemándola. Soa Mercedes guardó el frasco con agua bendita y agarró la cruz que tenía en el pecho y la puso sobre la cabeza de la mujer.

-Te ordeno en el nombre del señor abandonar el cuerpo de esta mujer-

– ¡Jamás! Estoy preparando la llegada de mi señor, el rey de las tinieblas. El pronto llegará y estaré para ser parte de su armada de demonios-

– ¡Dime tu nombre! –

-Soy la novia de Azapa y no pienso abandonar este cuerpo hasta cumplir la misión que me encomendó mi señor- Dijo con voz gutural.

– ¿Y cuál es esa misión? – Dijo Soa Mercedes amenazándola con agua bendita y la cruz.

– ¡Ahhhhhhh! – Gritó la poseída – Te lo diré. Mi misión es…- De repente se escuchó una detonación.

– ¡Dios mío! Ese olor es insoportable ¿Es el aroma de la muerte o algo así? – Preguntó Margarita.

– ¡Puta suegra! Se le paso la mano con el olorcito- Dijo Horacio acusando a la poseída.

– Les juro por el señor de las tinieblas que esta vez no fui yo- Se excusó la mujer. De pronto Piero agarró una cruz y se la puso en la frente a la mujer.

– ¡Arrepiente demonio! ¡Abandona el cuerpo de esta mujer para que no siga oliendo tan mal-

– ¡Qué raro! Generalmente los demonios no echan pedos. Huelen mal porque vienen del infierno. Es algo nuevo para mí- Aseguró Soa Mercedes.

– ¡Les juro que yo no fui! – Intentó defenderse el demonio, pero el joven principiante, puso su cruz en la boca de la poseída para que no hablara -Cállate demonio. No sigas engañando a esta pobre gente-

-Por lo visto, usted puede terminar el rito solo- Dijo Soa Mercedes -Es un demonio grado tres. Se asustó cuando le mostré la cruz ¡Piero! Lleve adelante el rito, lo dejaré solo, es una buena práctica para saber de qué está hecho-

Las verdaderas intenciones de la mentora eran que Piero no se la pudiera con el demonio y saliera arrancando de miedo.

– ¿Quiere que lleve adelante el rito en mi primer día? No he tenido suficiente practica-

-Seguro que lo hará bien-

– ¿Soa Mercedes está segura de que este joven podrá contra el demonio? – Preguntó Margarita.

-Por supuesto, yo estaré aquí si me necesita. Salgamos y dejemos a Piero encargarse de este exorcismo- Los tres salieron cerrando la puerta y dejando a Piero solo con la poseída.

-Hola papacito, estás como quieres ¿Por qué no me das un aventón? O ¿Estacionas tu carro en mi parte trasera? – Dijo el demonio de la Novia de Azapa, tratando de poseer a Piero.

– ¡Mire señora demonio! –

– ¡Señorita! Recuerde que sufrí un accidente antes de casarme-

-Disculpe, señorita Novia de Azapa. Para tener algo con usted tendría que estar borracho, drogado y que me dieran un martillazo en la cabeza. Como se le ocurre que me voy a meter con un demonio sucio y que huele tan mal-

– ¿Oler mal, yo? Y tú que te has creído. Fuiste tú el que se tiró el pedo, no yo. Por lo menos yo tengo el típico olor de demonio, pero tú ¿Qué comiste? ¿Tripas de zombi? ¿O tomaste saliva de bruja? –

-Comí bien rico, pero se me pasó un poco la mano ¡Ya me aburrí de hablar tanto con usted! ¡Terminemos luego esta huevadita! Tengo que ir al baño ¡Abandona luego ese cuerpo por la buena o lo hacemos por la mala! –

– Ni cagando abandono este hermoso cuerpo-

-No me queda otra que hacerlo por la mala- Dijo Piero sacando su cruz, tirando agua bendita y empezando a leer su biblia-

-No me haces ni cosquillas cachorrito de Soa Mercedes ¡Ja, ja, ja! –

– ¡Te ordeno en el nombre de Dios que…- De pronto se escuchó otra fuerte detonación – ¡Perdón, se me salió! No es mi culpa, le dije que nos apuráramos ¡Chucha! Este venía con challa-

Mientras tanto, en el primer piso, Soa Mercedes, Margarita y Horacio estaban sentados en la mesa del comedor esperando a que Piero terminara con el rito de exorcismo. La mentora pensaba que Piero estaba muerto de miedo porque cuando lo dejó no paraba de transpirar, agarrarse el estómago y mover sus manos. Creía que el miedo lo haría renunciar y en cualquier momento saldría corriendo. Tocaba la espada por si el demonio se radicalizara. Para ella no sería ningún problema acabar con un demonio nivel tres. De pronto escucharon gritos de auxilio – ¡Esta es la mía! – Pensó Soa Mercedes. Pero, Margarita y Horacio notaron que los gritos eran femeninos. Mientras tanto, en la habitación el joven intentaba llevar a cabo el rito.

– ¡Oye no es para tanto! Que levante la mano él que no se ha echado un pedo. Ahora quédate tranquilita para expulsarte del cuerpo de esa mujer-

-No pienso quedarme un minuto más. Lo siento señor por no poder cumplir mi misión, pero me es demoniacamente imposible seguir soportando esta horrible pestilencia-

De pronto se escuchó otra detonación -Ese sí que estuvo potente. Hasta yo lo sentí. Como será de poderoso que acabo de romper el mito de que los hediondos no se huelen ¡Ja, ja, ja! ¡Ayayayayay! Me dio un retorcijón, tengo que ir urgente al baño- De pronto se dio cuenta que había uno en la habitación.

-Mira demonio, voy a usar ese baño, no demoraré mucho y vuelvo para realizar el rito- Acto seguido se fue el baño. Apenas cerró la puerta, se sintió como descargaba sus heces.

– ¡Como es posible que yo, la famosa Novia de Azapa esté soportando a este primo hermano de un huevo podrido, flato de mortadela, caca de gato, ¡alcantarilla descompuesta! ¡No, prefiero mil veces el aroma de ultratumba! ¡Ayúdenme por favor! ¡Es insoportable! ¡Señor de las tinieblas, sálvame de este castigo! ¡Me voy, no puedo permitir más este desagravio! – Dijo y abandonó corriendo el cuerpo de la mujer.

En el living, Soa Mercedes, Margarita y Horacio escuchaban expectantes los gritos. De pronto se abrió la puerta. Soa Mercedes se paró y desenfundo su espada. El demonio bajó corriendo la escalera, al ver la reluciente arma de Soa Mercedes se fue derecho hacia ella y dijo – ¡Prefiero el filo de tu espada que las fuertes emanaciones de tu compañero de exorcismo! – Arrojándose, siendo alcanzada por el arma y desapareciendo. Soa Mercedes estaba impactada con lo que había presenciado.

– ¡Es la primera vez que un demonio se suicida! –

– ¿Pero no estaba muerta? – Preguntó Margarita.

-No en el mundo de las tinieblas-

– ¿Qué habrá pasado con Tanjiro? Digo ¿Piero? – Preguntó Horacio.

Preocupados subieron a la habitación, pero sus narices fueron golpeadas por el fuerte hedor que emanaba desde la habitación.

– ¿Olor a demonio? – Preguntó Margarita.

– ¡No! Es algo peor ¿Tienen problemas de alcantarilla? –

-No-

– ¿Se les habrá podrido un pescado? –

-Tampoco-

– ¿Qué será? –

Se taparon las narices y valientemente entraron. La madre de Margarita ya no tenía el aspecto de haber sido poseída, sino que había recuperado su semblante. Escucharon una música, como del tipo urbano, probablemente reggaetón chileno. Alguien estaba cantando – ¡Muévete mami, muévete no más que te voy a hacer gozar, la, la, la-

– ¿Qué hay en esa habitación? – Preguntó Soa Mercedes.

-El baño – Respondió Margarita.

Soa Mercedes se acercó sigilosamente empuñando su espada. Golpeó la puerta para saber si había alguien.

– ¡Está ocupado! ¡Y probablemente tapado! – Gritó Piero.

Margarita y Horacio se acercaron a ayudar a la señora Juanita quien estaba recuperando la consciencia. Después de unos minutos salió con su celular en la mano, notó que la mujer no estaba poseída y dijo.

– ¿Se fue el demonio? Le dije que me esperará-

-Piero quiero decirle que me ha impresionado. No pensé que tendría pasta para este noble oficio. Hasta hoy ningún novato había expulsado un demonio como usted ¡Lo felicito! –

– ¡No fue lo único que expulsé! – Concluyo riéndose.

FIN