El exorcista chabacano
Sentados en una mesa del sándwich al paso “Popurrí” ubicado en la calle Maipú, se encontraban dos empleados de correo, vestidos con el típico uniforme de esa empresa, pantalón azul marino y camiseta roja. Ocupaban dos sillas y en las otras dos habían dejado sus bolsos institucionales. Llamaba la atención las grandes dimensiones de estos. Saltaba a la vista la diferencia de edad entre los dos, el varón era un muchacho de alrededor de veinte años y la mujer, tendría unos sesenta y cinco. La contextura del muchacho era rechoncha, su camiseta no lograba cubrir su amplio estomago que sobresalía hasta chocar con sus piernas, pues, como estaba sentado, las pantorrillas detenían el avance de esa lava de carne humana. Se podría calcular su estatura que rondaría el metro ochenta, tenía el pelo castaño, ondulado y descuidado. Su piel no era ni clara ni oscura. La mujer era delgada, pero